- Si me deja ver su coche, le presto mi gorrito.
- De acuerdo.
Me he puesto el sombrerito y un calambre extraño me ha recorrido el cuerpo.
*
- Al que levante la voz, le multo.
- Al que haya bebido y esté conduciendo, le meto al trullo.
- La documentación y rapidito, que tengo una fila muy larga de coches esperando.
- Usted, colóquese a la derecha, que tiene mala pinta.
- Lo que usted diga, lo que usted diga. A sus órdenes, doña Aquí, faltaba más.
- Todos calladitos, que soy la autoridad ¿ No me ven el gorrito?
*
- Oiga, doña Aquí. Una cosa es que le preste mi gorrito mientras miro su coche y otra es que se pase.
- ¿ A qué le meto al truyo a usted también, por desacato?
- Deme el gorrito
- No, que me da un cierto poderío y mucho marimando
- Démelo o la denuncio.
- Mientras tenga el gorrito, seré yo la que mande. No se pase, no se pase.
*
* Me lo ha quitado y me he quedado sin palabras y sin ese marimando autoritario que me proporcionaba el sombrerito.
Espero que en casa tengan dinero para pagar mi fianza.
¿ Paqué me pondría el dichoso gorrito?

