Cada martes, como algo obligatorio,visita a su vecino Paco. La gente, en general, siempre le llama Goya
Después de tres martes seguidos y siendo su vecino decidió llamarle Paco.
Le gusta ver sus frescos a través de los espejos con detenimiento. Sin prisas. Gozando de ese rato de silencio de la primera hora.
En su última visita, había un señor con una rosa roja entre sus manos.
Se puso delante de la tumba, inclinó la cabeza durante unos minutos y se sentó al lado.
El recinto es pequeño. Solo estaban los dos.
Ella miraba y él, un poco retraído, sonrió.
Le cuenta que viene cada año a dejar una rosa. Que viene de Italia. De Pisa. Hace una ruta por España y en la última escala, antes de volver, visita a Goya y deposita la rosa.
Ella le dice que le parece una bonita idea y muy romántica.
¿Romántica? Comenta un tanto extrañado. Se ríen tanto que, una de las bedelas, les llama la atención.
Ella le dice que viene cada martes, que vive muy cerquita.
¿Aceptaría la rosa?
Ella le dice que es una mujer casada y no estaría bien aceptar una rosa roja y mucho menos siendo de Goya.
- A Goya le encantaría que la aceptara. Para él sería difícil ofrecérsela, para mí, no.
Y ella en uno de sus impulsos, grito:
- Paquito, me quedo con tu rosa.
En su casa la tiene en un jarrón con agua…