
- Marcel...
- Dime, Coti bonita
- ¿Te habló del concierto de piano?
- No
- ¡Calla y deja de ladrar!
- ¡No me callo! ¿ No dices que soy libre para opinar?
- ¡Cotilla!
- ¡No me llames cotilla! ¡Marimandona!
- Tranquila, coti. Cuéntame
- Lo intentaré si me deja, Marcel.
- ¿Qué melodía tocaste?
- El Himno a la Alegría
- ¿A la alegría? No puede ser
¿ Por qué ?
Por que allí lloraban todos
- ¿Lloraban?
- Aclaro Marcel, unos lloraban y otros se partían de la risa.
- ¿Es posible?
- Ridículo total, hizo la pobrecilla
- ¡Exagerada! El piano estaba desafinado, no fue mía la culpa
- ¡Exhibicionista! Eres capaz de cualquier cosa por lucirte
- Un día vas a tener problema ¡Mal educada!
-¡Tirana! ¡No mientas! Tengo ansiedad perruna desde el viernes pasado
- ¿Tan grave fue, preciosa Coti?
- ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza pasé!
- ¿Tú?
- Sí, Marcel. Me llevó en representación de la familia y aunque me puse unas gafas muy grandes, toda la gente me reconocía.
- ¡Marcel! No seas mariquita y deja de reírte. ¿Vas a creer todo lo que te dice la cotilla?
- ¡No soy cotilla! Cuento lo que viví y punto. Ni un tanto ASÍ exagero.
- Marcel, no te rías.
- Es que…
- No sigas con la risa que me estoy enfadando
- No puedo contenerme
- ¿ No?
-No
Pues a la calle
-¿Ahora? ¿Con el frío que hace?
- ¡A la calle! ¡Todo el mundo a la calle!
- ¿Yo también? Soy una perra pequeñita y puedo constiparme
- ¿Tú? ¿Tú? Tú la primera y deja ahí la las llaves
- Gua, gua, guau ( la tengo quemadita)
* Me gustaría dedicárselo a Cal y Alice, dos chicas estupendas, si ellas me dejan y a los demás no os molesta.


